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MACONDO

Italia redescubre en el Gobi la «legión perdida» hace dos mil años

Juan Vicente Boo.- ABC, 10 de enero de 2003.

La «legión perdida», cuya pista se desvaneció en Oriente en el año 53 antes de Cristo, reaparece en forma de huella genética en un remoto lugar del desierto de Gobi. La aventura trágica de los legionarios de Marco Licinio Craso, derrotados primero por los partos en Turquía y después por los chinos en el Uzbekistán, terminó en un altiplano a las puertas del Tíbet a siete mil kilómetros de Roma

ROMA. La sospecha de que los antiguos romanos habían llegado a China mil doscientos años antes que Marco Polo empezó a abrirse paso en medios académicos cuando el sinólogo americano Homer Hasenpflug Dubs descubrió en el año 1955 el perfecto encaje de los datos de Plutarco y Plinio con las crónicas históricas de la dinastía Han, que reinó en el Imperio del Centro entre los años 25 y 220 de nuestra era.

Hace dos años, el periódico estadounidense «Los Angeles Times» sacaba a la luz los primeros datos que identificaban un poblado remoto como punto final de la aventura de los legionarios de Craso. Desde entonces, los análisis de DNA realizados por la Universidad de Lanzhou confirman que un 46 por ciento de los habitantes de Zhelaizhai -entre los que hay ciudadanos pelirrojos y gentes con nariz aguileña- muestran una curiosa afinidad genética con poblaciones europeas, según informó el semanario frances «L´Express».

Durante la época del agitado triunvirato de Julio César, Pompeyo y Craso, éste último se hizo cargo de la campaña contra los partos y avanzó por la actual Turquía al frente de un imponente ejército de 42.000 soldados. Pero los denostados «bárbaros» del actual territorio de Irak e Irán humillaron al ejército más poderoso del mundo, dieron muerte al triunviro Craso e hicieron prisioneros a más de diez mil de sus soldados.

La mayoria fueron destinados a la esclavitud y los trabajos forzados, pero los partos conservaron algunas unidades dispuestas a seguir combatiendo, en lugar de sufrir la muerte o la esclavitud. Una parte de la legión prisionera fue enviada a Turkmenistán para luchar contra los antecesores de los hunos, y allí desaparece su rastro. Pero esa legión «perdida» para los historiadores romanos reaparece en las crónicas chinas en el año 36 antes de Cristo.

La campaña de pacificación de la frontera occidental del Celeste Imperio culmina con el asalto y la toma de la capital de los hunos, actualmente Tashkent, en Uzbekistán. Los historiadores de la dinastía Han documentaron con detalle las fortificaciones cuadradas y las tácticas militares de unos «bárbaros» (siempre desde el punto de vista chino) que combatían de un modo extraordinariamente organizado.

Leyendo las antiguas crónicas, el sinólogo americano Homer Hasenpflug Dubs consiguió cerrar el círculo: los defensores de Taskent eran los miembros de la «legión perdida» que, derrotada de nuevo, se hundiría todavía más en el olvido. Los chinos hicieron mil prisioneros y enviaron los últimos restos del ejército romano a un pueblo remoto en el desierto de Gobi, donde deberían haberse perdido para siempre. Pero el antiguo nombre de Zhelaizhai, que se encuentra en la provincia de Gansu, ha terminado por sacarlos a la luz al cabo de dos mil años. El topónimo «Li-Jien», documentado desde el año 5 de nuestra era, no es sino una variante china de «Legión», un nombre que designaba también a Roma desde que los antiguos chinos tuvieron noticias de su opulencia y poder a través de sus comerciantes en Alejandría. Oficialmente, el primer contacto entre Roma y China tuvo lugar en el año 166 d. de C. cuando un embajador de Marco Aurelio consiguió llegar hasta Luoyang, la capital del otro gran imperio. Pero la enorme distancia impidió mantener los contactos y la colonia romana de «Li Jien» terminó, poco a poco con el paso del tiempo, olvidando su pasado.
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